viernes, 13 de julio de 2018

LA POLLLERA


La pollera forma parte de la vestimenta tradicional de casi todos los pueblos. En las zonas muy frías las mujeres usaban varias encimadas, una arriba de la otra, tanto en el noroeste de nuestr país como zonas muy frías de Europa.
Costumbre era que la mas viejita y desgastada se la llevara -de entrecasa- arriba para no ensuciar la de abajo.

Las telas eran muy costosas y no se podían adquirir fácilmente. La gente de campo. Iba al pueblo, una vez por mes. En la pulpería se enteraban de alguna fiesta criolla y las jóvenes empezaban a pensar “qué ponerse”, porque la que llevaba la pollera más colorida, era la primera en salir a bailar.

La profesora Manuela Chiesa de Mammana ha escrito un cuento, que me hizo acordar a las polleras mencionadas. Y dice:

-     Corría el año 1860, el baratillo de Cánepa. Aguardaba con ansias la llegada de las carretas, además, en unos días habría baile en la casa del Coronel, frente a la plaza y los vecinos no repararían en gastos.
Magdalena, quinceañera graciosa y locuaz, había perdido la natural alegría porque su vestido blanco de percal desluciría en el gran salón, adornado profusamente.
Como a las cuatro de la tarde, los gurises del zanjón, vieron aparecer las carretas en lo alto de la calle de entrada, avanzando lentamente entre la tierra gredosa, mientras las altas ruedas de dura  madera, obedecían el yugo de los bueyes mansos y silenciosos.
Llegaron a destino. El capataz entregó la guía de la mercadería que portaba y el conforme de su punto de origen.
A medida que tiraban los fardos en la explanada, Magdalena vio,- no sin cierta picardía- que venían atados con antiguas tiras de zaraza  estampada y ahí nomás se acercó al encargado, con un cuento cualquiera y le pidió las tiras estampadas con flores rojas, azules y verdes.
Qué bonita quedaría la falda blanca de percal con guardas de zaraza estampada, cada 20 centímetros.
El baile fue inolvidable para Magdalena. Después de mazurcas, valses y “chotis”, fue elegida como la mas agraciada de la velada-
          Al final, quedo parecido el vestido de la chica del baile como la de la ilustración

Aquella carreta trajo, además: yerba, tabaco, ginebra, anís, seda, mazos de naipes, anchoas chafalonías, algodón y muselina.
Manuela Ramona Ramírez de García, fallece en Paraná en 1867. En la testamentaria, Amaro Muñoz, se hace cargo de los bienes. Algunos artículos que nos interesan son:
1 cajón con ropa que contiene: 1 reboso de lana, 1 pañoleta, 2 vestidos, uno liso y otro estampado
2 polleras de colores 1 enagua con puntilla y otra, “interiores de mujer”.
1 baúl vacío – 2 mesas - 4 sillas - 2 catres - 2 planchas - 4 santos - 1/2 docena de cucharas - 1/2 docena de cubiertos (?) - 4 platos - 2 ollas - 2 jarros - 2 caballos - 1 sombrero - 3 tarros - 1 apero completo.
  Vemos que la ropa era importante y es parte del inventario en las testamentarias. En varias oportunidades cuando el enfermo sabe que se le terminan los días, dispone de algunas cosas, por ejemplo, las botas para un peón, el chiripá nuevo para otro, el cuchillo cabo de plata para el capataz, las espuelas para el compadre, varios retazos de telas para la sobrina, los pañuelos de cuello para don Juan y así va repartiendo algunas pertenencias a sus afectos para que después no se peleen por las pilchas del finado.

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